Michel Foucault: entre el discurso, la locura y la violencia

Publicado en por Heriliam

      El hombre y la vanidad mueven el mundo.
Michel Foucalt.
 

En la actualidad vivimos en una llana incertidumbre e ignorancia precisamente porque no conocemos con exactitud los matices del discurso, que pronuncian la educación, la ciencia, la economía, los medios de comunicación y la política, aunque éste último generalmente establece la supremacía ante los demás. Lo único que conocemos de estos discursos a simple vista es su amplia elocuencia discursiva (linealidad), y las reglas de cómo se debe de hablar ante sociedades democráticas, globalizadas y tecno-científicas. Sobre esto, Michel Foucault considera que el discurso debe abandonar en absoluto, el “tabú del objeto, ritual de la circunstancia, derecho exclusivo o privilegiado del sujeto de habla,” que irrumpe la singularidad del discurso.

Con esto Foucault posibilita la pluralidad del discurso, esto significa que el discurso no tiene un orden preestablecido para manifestarse, sino que el discurso según Foucault es azaroso y descontinuó, ello no implica equivocidad o infinitud discursiva, ya que permite englobar diversos matices, enfoques, ideas sobre el discurso como una practica dispersa en la vida concreta y por ello no tiene una temática o veta. Nuestro filósofo francés echa mano del loco para ejemplificar su discurso como algo nulo determinado por la Edad Media. Así, el loco no es de ningún modo aquel enfermo mental de la medicina moderna, sino es un sujeto que afirma cosas “locas” pero ciertas para su tiempo e incluso revelaba verdades del futuro, que son mal intuidas o pensadas por la Edad Media.  

En ese sentido el loco representa para la Edad Media la enorme ola de irracionalidad, entonces el discurso del loco como tal es excluido de los discursos “normales”, o bien de un esquema social, y por tanto, se aparta del núcleo de una sociedad coherente por decirlo así. Para Foucault el loco es una figura clave que percibe la ingenuidad de la sabiduría y la hace presente en los demás, como algo inaudito y sospechoso para la conciencia ordinaria. Por otro lado, el discurso esta hecho para un público, para un sector reducido a veces de la sociedad, en otras más esta trastocado diría Foucault de tal modo que nos transporta a una situación, quizás desconocida para mucho de nosotros. Por eso, el discurso siempre impone una fuerza para favorecer una corriente, un bien común o particular, de ahí, es donde radica la importancia del autor puesto es quien nos da el mensaje, precisamente porque su palabra constituye un quehacer practico y revelador para las implicaciones del discurso. 

Para Foucault el autor es quien tiene todo el crédito de la palabra y es quien da sin duda origen a la unidad de significaciones discursivas, el autor como tal se limita en ciertas cuestiones que no son convenientes para él sino que buscas una identidad de “yo” (cartesiana), de modo que enfatiza sus propósitos y metas. Foucault señala que el autor debe abandonar su papel, así de cerrado, para perfilarse como sujeto fundador, cuya tarea es animar las formas vacías del habla y las ideas escondidas en el discurso.

Los sesgos que ejecuta el autor propician la posibilidad de trastocar el discurso. Un modo es someter al discurso a una circunstancia nociva para el público a quien va dirigido el mensaje, introducir atisbos de violencia por ejemplo, caso que marca Hannah Arendt: “la violencia empieza donde el discurso acaba, las palabras pierden su cualidad discursiva y se convierten en clichés”, podemos pensar entonces que el discurso en este sentido constituye la antesala de la violencia, ya que el discurso es el medio que permite sentar algunas elementos de su origen, (o sea de la violencia) aunque la violencia aun no es física sino sólo se anuncia como un “comercial” de T.V.

En el caso Foucault piensa que “es necesario concebir el discurso como violencia que se ejerce sobre las cosas, en todo caso como una practica que les imponemos; es en esta practica donde los acontecimientos del discurso encuentran el principio de su regularidad” Aquí Foucault se refiere al principio de especificidad el cual debemos de descifrar porque él no esta a favor de nosotros (sino hay que buscar la especificidad en el discurso). De ahí nace la idea de ver al discurso como violencia cuya tarea debe de imponerse en la práctica cotidiana, como algo discontinuo, pero no es para nada una violencia en el sentido física sino un modo de romper con un paradigma, esto tiene que ver con el discurso como una linealidad que opera de acuerdo a las limitaciones del autor. 

 


Michel Foucault, El orden del discurso, Fabulas Tus Quests Editores, 1973, España, p. 14.

_____________, Historia de la locura en la época clásica I, FCE, México, 1986,  p. 6.

Cfr. Michel Foucault, El orden del discurso, Fabulas Tus Quests Editores, 1973, España, p. 31.

Hannah Arendt, “Comprensión y política” en Ensayos de comprensión 1930-1954. Caparrós editoriales, colección esprit, traducción de Agustín Serrano de Haro, 2005, p. 372.  

Op. Ct., p. 53. 

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naye 01/05/2009

hola, niño acabo de leer tu articulo, lo cual me movio este comentario, creo que en si el Discurso en la actualidad se ha olvidado, cada sector no conpagina con los demas porque ellos no ven una linealidad de intereses unos con otros, es por eso que considero que las masas que se mueven dia con dia, se movilizan presisamente por la cotidianidad, sin sentido e interes, y quien realmente se aprovecha de eso, son las personas que quieren y logran su conveniencia, pues apoco no México se ha convertido en un paìs de ovejas guiadas por un sentido simplista y nada complejo lo cual deveria ser así, ahora somos mas simplistas y conformes con lo que nos ofrecen y no lo que realmente merecemos.

me despido de ti mi querido filosofo, y te recomiendo que no dejes de ser complejo ok