Platón: la dialéctica como analogía con la política.

Publicado en por Heriliam


La República de Platón es sin duda una utopía que se consume políticamente en un estado gobernado por un filósofo, él, es quien determina el papel de cada uno en la República (de como se desenvuelve). Por ejemplo, el artesano siempre será artesano por el resto de su vida y por tanto, sus aspiraciones se agotan en un estado aferrado por conocer las cosas en sí (como la belleza, la justicia, el amor), cosas que están fuera sin duda del alcance de lo particular concreto pero más cercanas aquello trascendental.   
 

De modo que, la pretensión de alcanzar las cosas en sí, de encontrar la perfección de (la belleza, la justicia, etc.) hace de la República una política que escapa fugazmente de los intereses de la polis, o sea del estado. Precisamente porque no acaba de emparentar la realidad de Atenas (sus condiciones sociales y el tráfico de comercio) con un mundo establecido según el orden geométrico, alejado de la contingencia y de sobre todo de la cotidianeidad de los hombres en general.

 

Por eso, el estado del que propone Platón en voz de Sócrates se organiza a partir de una serie de ciudadanos, pues nadie se salva del régimen que apuesta por ver al ciudadano como un colaborador de la República, pero no participa de las decisiones políticas del rey filósofo, por ejemplo, el “primer ciudadano consistirá en procurarse carne, vino, vestiduras, calzado, lugar, en que alojarse. Durante el verano trabajarán medio desnudos y sin calzado; en el invierno, bien vestidos y bien calzados.” [1]

 

Por un lado, todo esto en el fondo se remite a la dialéctica platónica que se recrea en el mito de la Caverna, ahí, la habitan hombres que sólo puede apreciar apariencias o formas de la belleza, la justicia, la paz, el amor, en tanto captar un grado de conocimiento lejos de toda proyección perfecta y ideal, más cercano a lo efímero. 

 

El salir de la Caverna significa apreciar con mayor intensidad la belleza, la justicia, la paz el amor, en otras palabras, es en sí, “ver la luz” que ante nuestros ojos se deslumbran de la fuerza con la que la luz nos muestra su radicalidad, es mínimo el gusto, ya que sólo la contemplamos por un instante, por un momento, después de alcanzarlo es necesario volver a la Caverna porque estamos encadenados a este mundo, aparente, esporádico; donde las cadenas son, por llamarlo así, la condición por la cual vivimos este mundo llenos de varias imperfecciones, en este mundo sólo somos copias que respiran, viven y que sienten.

 

Que sólo el filósofo lleno de capacidad y conocimiento puede acceder a contemplar las ideas ejemplares. Tal es el caso de “un personaje platónico que escuche una descripción de la cuidad buena de La República recordará, así, el sistema de castas establecido en el antiguo Egipto, aunque es bien sabido que en Egipto los gobernantes eran sacerdotes y no filósofos.”[2]

 

Así pues, políticamente la dialéctica platónica nos encierra, nos limita, nos obliga a estar en este mundo, cuando lo que queremos la mayoría de nosotros es desencadenarnos, ser libres, ser artesanos pero con la posibilidad de aspirar a algo más no conformarnos sólo con lo que nuestra naturaleza nos ha dotado, esto, no quiere decir que nuestra naturaleza sea débil ni mucho menos inútil. 

 

No, simplemente la naturaleza es una consideración arbitraria, ella no tiene ninguna responsabilidad sino quién la dictamina, quien la aproxima a una sociedad civil, nadie nace podre porque pertenezca a un país económicamente bajo, sino las circunstancias en las que vive ese país, él, es decir, el que nació podre, tiene la posibilidad de progresar a un nivel de vida mejor, de estudiar; en concreto de abandonar la pobreza. Esto será real en la medida de lo posible cuando el estado o polis tome cartas en el asunto, que facilite de alguna forma las condiciones a los ciudadanos para una mejor convivencia. Considerando esto, la dialéctica platónica eliminaría por completo la posibilidad de facilitar a los ciudadanos aspiraciones pero sobre todo de hablar de pluralidad.

       

 

 



[1] Platón, La República, Libro II, Editorial Gredos, Madrid, España, p. 93.

[2] Leo Strauss, La historia de la filosofía política, (Tucídides, Platón y Aristóteles), Editorial, p.58.

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