El muro de Berlín: las memorias y el poder

Publicado en por Heriliam



Las memorias, la vuelta atrás.  

Era el 9 de noviembre de 1989 cuando el muro de Berlín por fin había caído, luego de mantenerse firme 28 años desde su aparición en 1961. Yo, apenas tenía tan sólo 4 años de edad, no recuerdo absolutamente nada de aquel hecho crucial para Alemania pero en especial para Mundo. Mi niñez, era incapaz de percibir lo que ocurría en ese instante, algo sin duda inédito. Hoy, a mis 24 años, sólo puedo reproducir aquel acontecimiento desde el instante en que la caída del “muro” le cambió el rostro, al hombre, a la cultura y a la historia que disfrutamos en “el tiempo de ahora” como señala Walter Benjamín en sus Tesis sobre la historia.

Hay un recuerdo del “muro” de Berlín que atrapa un especial interés; se trata del video “One” del grupo irlandés U2 producido por Anton Corbjin en 1992. Este video no lo conocía, si no fue gracia a la delicadeza y al aprecio de un amigo quien me presto su colección de videos (1990-2000). Fue así, como pude descubrir el impacto del “muro” en la letra de “One”, no como una simple referencia a un suceso real sino como una fuerza que despierta ante todo, sensibilidad, garra, pasión, y que desafía a la humanidad para envolvernos en amor, paz y vida, sólo en uno.  

De este modo, el “muro” representa una huella imborrable para el pensamiento contemporáneo, su vigencia se sitúa en la conciencia de nuestra sociedad no sólo como un hecho más sino como una experiencia política y social que reclamo su libertad, la cual desde ¿Qué es la ilustración? de Kant dejo claro el liberalismo que ambicionaba la construcción de un “cosmopolitismo”, más tarde será el derecho internacional quien lleve a cabo ésta tarea. Digo, en nuestra sociedad porque aunque no somos alemanes, llama la atención el contenido, los hechos, las muertes, la angustia y por último las injusticias que vivieron millones de personas al estar limitados en su propia nación, algo impensable hasta nuestros días.    

La idea de construir el “muro” fue para dividir a una misma nación en dos, ya que no compartían los mismos ideales políticos y económicos; La Unión Soviética era la creyente del comunismo europeo del siglo XX, la otra parte, pertenecía a la República Federal Alemana con un régimen capitalista. Más allá de sus diferencias, el “muro” fue el síntoma de que Europa debía adoptar un comunismo el cual dejaba de lado las ideas de Adam Smith y David Ricardo respecto al trabajo, producción y valor. El comunismo que se proponía la Unión Soviética eliminaría las clases sociales sólo existiría una base cuyo fin sustentará las mismas condiciones de vida. El “euro”, todavía era un sueño para las sociedades europeas, donde más adelante sería la plataforma económica más fuerte en todo el continente europeo.

El problema fue que ese comunismo se concentro en el totalitarismo y jerarquía,  debido ha estar resentido tras haber perdido la famosa segunda guerra mundial, ante los Aliados. Ahora, en nuestro tiempo podemos observar las secuelas que han quedado en la historia, y lo que falta todavía por superar, como el Holocausto nazi. Las memorias, en este caso son pedazos de acontecimientos singulares que nunca se olvidan, puesto que se encuentran arraigadas en nuestra vida como prácticas y procesos históricos, que aun seguimos escuchando desde el momento en que abrimos la boca.    
 

El poder: la disciplina como mecanismo de sometimiento

El “muro” de Berlín aparte de ser un condicionamiento social y económico, tuvo un fin en sí, el “poder”. Todo, inicio cuando el 13 de agosto de 1961 Alemania es dividida en dos ciudades; Berlín Este, corazón del imperio soviético y Berlín Oeste, república que seguía el capitalismo. El “poder” se ejerció bajo el dirección de la disciplina: donde los alemanes que se encontraban en Berlín Este, el “muro” se convirtió en una prisión de máxima seguridad en la cual había 600 guardias fronterizos, 300 torres de vigilancia y varios grupos de patrullas durante todo el día.  

Foucault en Vigilar y Castigar habla de la disciplina como un mecanismo de poder, antes de esto, los suplicios constituyeron técnicas de castigo generalizado durante los siglos XVI y XVII. Así, el castigo consistía en un show para los delincuentes de esa época, e incluso el pueblo era un testigo de aquellos suplicios. Para el siglo XVIII, con la nueva reforma del derecho criminal se adopto otra manera de castigar, abandono así los suplicios y toda forma posible de castigo como las picotas y patíbulos. La disciplina como tal, fue el platillo fuerte de esta reforma criminal que consiguió entre otras cosas, pasar de cuerpos deshumanizados a “cuerpos dóciles”.

            De modo que, “la disciplina fabrica así cuerpos sometidos y ejercitados, cuerpos “dóciles”. La disciplina aumenta la fuerza del cuerpo (en términos económicos de utilidad) y disminuye esas fuerzas (en términos políticos de obediencia).” (Foucault, 2008, 142). Finalmente esta disciplina de la que habla Michel Foucault es la antesala del llamado panoptismo, éste igual es un mecanismo de poder cuyo objetivo es vigilar a un conjunto de individuos dentro de una prisión, este esquema se expandió con gran fuerza en los hospitales, talleres y escuelas durante el siglo XVIII en Francia. El panoptismo simulaba un rostro sin cara, una mirada sin vista, un ojo oculto, un Watchmen invisible.

            Estos mecanismos de poder igualmente fueron medidas y aplicaciones del muro de Berlín. Ya que los habitantes de Berlín Este sufrieron en carne propia las atrocidades de la famosa unión soviética, que a pesar de haber terminado la segunda guerra mundial, no bajaron las manos y se dirigieron por un camino donde el lugar, era una prisión, los derechos se volvieron desechos, la libertad una mazmorra. La vigilancia por su parte, fue una señal de disciplinariedad; donde debías de permanecer en un sitio como una estatua, así, el papel del cuerpo se reduce, para llegar a ser un cuerpo demarcado por las técnicas y mecanismo de poder soviético. La imposibilidad de ser libre y estar vigilado, provocaba pánico y desesperación, incluso había personas que saltaban de los edificios para salir de esa pesadilla, de esa realidad cada vez fatal.

            El muro de Berlín revelo los mecanismos de poder. La disciplina fue uno de esos mecanismo que consistió en analizar, clasificar, bloquear, vigilar, limitar y castigar a los habitantes del aquel entonces Berlín Este. Hoy a 20 años de este acontecimiento sólo quedan, las memorias y la conciencia histórica de eso llamado “muro de Berlín”.  

 

 

 

 

 

 

 

 Bibliografía

Michel Foucault (2008), Vigilar y Castigar, México: Editorial siglo XXI.  

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