El tiempo, la historia y el abuelo

Publicado en por Heriliam

 

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 Los años son variaciones del tiempo que se encuentran encadenados unos con otros, sin saber cuál es el fin, de pronto, lo único que se conoce son los momentos, experiencias, eventos, acontecimientos precisamente de esa variaciones del tiempo, o comúnmente conocidas como “recuerdos”, “memorias” y “fotografías”. Para Kant el “tiempo” es un concepto a priori, es decir, el tiempo no es un constructo del sujeto sino que éste es fundamentado por la realidad; otro concepto que refiere en innumerables ocasiones al “tiempo” es el contexto, éste destaca circunstancias estratégicamente puestas bajo la dicotomía espacio-tiempo el cual determina un escenario posible, un fragmento, un episodio.   

            El “tiempo de ahora” dice Walter Benjamín es una manifestación del presente o del “aquí y ahora”; nuestro filósofo judío-alemán reclama fuertemente los instantes, los pedazos y los hechos que la Historia no había descrito dentro de sus paginas inéditas y ejemplares escrita a partir de batallas, triunfos, sueños, metas, llantos, pecados, almas, engaños, violencia e injusticias (el grito “amen” de la Revolución francesa). Mientras, la historia con “h” minúscula representa teóricamente la “caja fuerte del tiempo”, porque en ella se deposita la base de nuestro pensamiento histórico pero sobre todo de nuestro conocimiento de aquello que no conocimos, porque antes de nacer ya se predicaba con la “historia” (arqueológicamente viva).

            Hacer historia no es sólo escribir o pensar objetivamente lo que pasa en nuestro presente, sino igual lo que no es “evidente”, es decir, lo singular, lo peculiar, lo oculto, lo curioso, etc. A partir de aquí pensar la “discontinuidad” como un camino para situarnos en el aquí y ahora, es la posibilidad de fijar cómo aparecen y desaparecen aquellos eventos, hechos, acontecimientos de nuestra vida social, política, económica y cultural de nuestro país. Es importante decir, que la historia se articula gracias al tiempo; si por un momento el “tiempo” se detuviera (algo casi imposible hasta ahora), la historia sería circular debido a que siempre volveríamos a pasar por la misma “situación”, esto significa, experimentar una situación “idéntica” cuya ventaja sería recapitular y transformar esa “situación” en otra radicalmente distinta. Pensemos, por ejemplo, en el surgimiento de una nueva revolución mexicana que busque ante todo replantear otra forma de gobierno más conveniente a las carencias, desigualdades e injusticias de las minorías de México.

Por otro lado, el "abuelo" personifica la figura de un “sabio del tiempo”; sus canas, sus arrugas, sus años y su rostro son huellas de lo que su vida fue; de atrás todo esto se ubica una serie de micro-historias personales que definen su vejes pero principalmente su conocimiento acerca del mundo. Él no es un ignorante de la historia sino una singularidad más de la misma, porque él representa un "monumento" de lo que se dice y piensa hoy.  

“Si no podemos detener el tiempo, lo único que podemos hacer es pensar en que el tiempo se ha detenido, quizás así la historia pueda ser discontinua y eficiente como el propio Nietzsche la pensó”.

 

 

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