Herkunft como procedencia

Publicado en por Heriliam

 

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Nietzsche usa el término en alemán Ursprung como origen de manera muy genérica en La genealogía de la moral. Aunque también reconoce el término Entstehung como parte de este uso de origen. Sin embargo, Herkunft es otro término en alemán que explicita de modo singular el origen donde su acepción es visible en Humano, demasiado humano. La tarea filológica que lleva acabo Foucault en distinguir de Herkunft y Ursprung es sin duda fundamental, porque nos permite comprender no sólo su significado; sino también sus implicaciones.

               La genealogía como Herkunft es “(…) la procedencia, es la vieja pertenencia a un grupo –el de la sangre, el de la tradición, el que se establece entre aquellos de la misma altura o de la misma bajeza– Con frecuencia el análisis de Herkunft hace intervenir en la raza o al tipo social.”[1] La relevancia de Herkunft no es hacer visible una serie de generalidades presentes en un grupo de individuos y por tanto sea posible distinguirse de otros grupos; es confrontar las rarezas más peculiares que sirven de conexión unas con otras para comprender su encadenamiento o su dispersión.

               Por eso, la procedencia está asociada con la delimitación de ciertas condiciones de existencia –por decirlo de algún modo–, en el que la tradición, la raza, la sangre, etc., representan en mayor grado o menor justamente estas condiciones de existencia donde el sujeto o individuo está inserto. También, la procedencia no se establece  a través de la continuidad de los hechos o tratando de reivindicar el pasado como algo que aún está vivo, sino “(…) es descubrir que en la raíz de lo que conocemos y de lo que somos no están en absoluto la verdad ni el ser; sino la exterioridad del accidente.”[2]

           Herkunft posibilita visualizar la posición del  “accidente” en la historia como un modo de irrupción ante el proceder de la historia tradicional, justamente porque reanima aquello que parecía ser “contradictorio” o “problemático” para el sentido histórico.

           De tal  modo, que el “accidente” constituye una forma de entender la dispersión de saberes y discursos fuera de toda continuidad de hechos, donde la tarea consiste en resaltar las singularidades que comúnmente son consideradas como equívocas y superficiales en la historia tradicional. Así, el “accidente” como tal se opone tanto a la verdad como al ser  precisamente, porque no es una determinación del sujeto; sino una eventualidad, ya que siempre está revelado por un devenir histórico que nunca se sabe qué dirección toma. 

               Foucault considera que el “accidente” contribuye a precisar a la procedencia de aquello que conocemos y somos, quiere decir, que no conocemos las cosas bajo un modelo de racionalidad innato en el sujeto –caso particular de Descartes–; sino por medio de singularidades que se origina a partir de nuestra acontecer.

             Al igual, que no adoptamos una identidad para actuar de tal modo que sigamos una norma universal en nuestra vida, mejor aún, nos configuramos históricamente para ser quien somos, en tanto que estamos al pendiente de lo que pasa en el presente sin esperar un progreso. 

              Por otro lado, la genealogía como Herkunft tiene una articulación con el cuerpo y la historia; lo que nos muestra Foucault en esta articulación es que el cuerpo a pesar de ser el soporte de todo tipo de sensación de verdad o de error[3], está enraizado en la procedencia como una “(…) superficie de inscripción de los sucesos (mientras que el lenguaje los marca y las ideas los disuelve), lugar de la disociación del Yo (…).”[4]  Los sucesos, por así decirlo, son como una especie de “tatuajes” que se encuentran grabados en el cuerpo, estos representan los desfallecimientos y los errores que luchan unos sobre otros y a la inversa.



[1] Óp. Cit. p. 12.

[2] Óp. Cit. p. 13.

[3] El antecedente de Foucault sobre el cuerpo es el mismo Nietzsche; donde “el cuerpo es una gran razón, una pluralidad dotada de un único sentido, una guerra y una paz, un rebaño y un pastor.” En Nietzsche, Así hablaba Zaratustra, Madrid: Alianza Editorial. 2009. p. 64. Esto quiere decir, que el “cuerpo” según Nietzsche es pensado desde diversos puntos posibles; en primer lugar el cuerpo resiste y se impone ante cualquier contingencia, mientras por otra parte, el cuerpo es sometido, es emancipado e incluso ignorado por los historiadores del tiempo lineal.

[4] Óp. Cit. p. 15.

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