Miguel de Unamuno: Don Quijote y Sancho claves para una filosofía del presente

Publicado en por Heriliam

 

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1.      El Quijote como el caballero de la fe

 

La vida de Don Quijote y Sanchode Miguel de Unamuno, nos presenta en líneas muy generales a un Quijote que ha dejado de estar atrapado por la ficción literaria, en la cual  Cervantes lo ha colocado como un clásico de la Literatura Universal, para situarse en la realidad de España que Unamuno está pensando a principios del siglo XX. Es un hecho que Unamuno intenta resaltar las singularidades más sobrias del Quijote, para instalarlo en esta mundanidad que lo absorbe y lo deja ir por distintos caminos sin preocuparse sí existe un porvenir puesto que “el verdadero porvenir es hoy...”[1] precisamente porque éste es un presente que cuestiona en gran medida el estatus del hombre.

            Aunque Unamuno en su trasfondo presume de una fuerte influencia de Ignacio de Loyola, es cierto que su profunda vocación de intelectual español le permite poner en debate al Quijote como un caballero de fe; su espíritu trata no sólo de inspirar a Sancho sino a irrumpir los dogmas que gobiernan en la vida como la razón y la ciencia, por eso  “dijo Don Quijote: la fe verdadera no razona ni aun consigo mismo.”[2] La “fe” ocupa un lugar central en la reflexión de Unamuno porque pretende anular el discurso objetivo y racional que predomina en la Europa de su tiempo, usando al Quijote como plataforma para ventilar sus “locuras” si bien desafiantes contra el sentido común.

            También, Sancho es una figura imprescindible para Unamuno, porque es un hombre que reconoce en sí mismo su sencillez y su interés por aprender de su amo Don Quijote. El miedo que invade a Sancho Panza por no poder distinguir entre los sones, lo aterrorizan en “otra” escena bajo el cual solo él puede salir sin la ayuda del Quijote.

            El miedo representa para Miguel de Unamuno un rostro falso que impide ver la verdad, y donde el Quijote trata de decirnos que el miedo en realidad vuelve ciego al hombre de tal modo que no le permite visualizar aquellos aspectos concretos de la vida. En suma, el miedo es la perdida de la fe para Unamuno precisamente porque “quien duda de lo que ve, una miajica tan sólo que sea, acaba por creer lo que no ve ni vio jamás.”[3] Así, el miedo nos atrapa en una esfera que imposibilita oír y escuchar como dice Unamuno el mundo sustancial de la fe.

 

2.      El Quijote: entre la poesía y la filosofía

El poeta para Miguel de Unamuno es el Quijote; en él subyace la fantasía, el heroísmo e incluso la fatalidad de un individuo que enfrenta a la realidad sin pena sino con mucha gloria. En este sentido también el poeta es un héroe para Unamuno porque no sólo el poetizar se reduce al juego con el lenguaje o las palabras sino además “…el héroe es poeta en acción, es el poeta héroe en imaginativa.[4] Es una constante lucha que el héroe afronta desde el punto de vista de su vida, pues es allí donde la poesía como tal adquiere un verdadero significado para el hombre, lo sensibiliza, lo envuelve y lo absorbe por las celdas más embrolladas y desiertas que pueda imaginar.

            El Quijote de Unamuno es antifilosófico, porque al parecer los pasajes que están en la escritura de nuestro autor español, revelan la crítica a la tradición filosófica en especial al racionalismo cartesiano que constituye un asenso al conocimiento. Por el contrario, Unamuno a partir de su héroe, el Quijote, tratan de formular una filosofía del presente que escape los esquemas o sistemas filosóficos de Europa. Que han perdurado en casi todo el continente y Unamuno no quiere dejarse impresionar por estos. Por eso, Unamuno propone un irracionalismo que en la figura del valiente Quijote es muy clara, al seducir a los demás con su locura y remover en los escombros lo poco común.  

            La relectura de Don Miguel de Unamuno sobre el Quijote, hace de su reflexión una apuesta por una filosofía del presente cuya principal preocupación es ver nuevas posibilidades de poetizar y filosofar en España a partir de la figura de Cervantes. En lo particular, pienso que Unamuno más que escapar de la tradición filosófica europea es construir un modo de pensar y hacer filosofía sólo que partiendo de sus mismas raíces de lengua española.



[1] Miguel de Unamuno (2006), “Vida de Don Quijote y Sancho”, México: Editorial Porrúa. p. 4

[2] Ídem, p. 52.

[3] Óp. Cit, p. 56.

[4] Óp. Cit, p. 149.

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césar augusto vargas mancipe 08/14/2011 22:41


Que maravilloso poder entender que los valientes no son los que nunca han tenido miedo, sino los que a pesar de tenerlo siguen adelante.

Es preciso definir que la Filosofía debe ser un estilo de vida que nos asegura un futuro maravilloso, siempre que pensemos en el bienestar de los demás.