El dolor es líquido

Publicado en por Heriliam

El dolor es líquido

El dolor es sencillamente empírico, a pesar de que el actor interprete el papel de víctima, jamás podrá compararse con el auténtico dolor. Sin embargo, ese dolor transmite indirectamente un soplo o grado de sensibilidad. Imaginar una vida sin dolor, es como vivir infinitamente, suena bastante inverosímil o desgarrador. Por ello, el dolor no tiene una imagen, es adaptado a cada emoción o vicisitud de la vida; el dolor es líquido.

Camus en el Extranjero, muestra una cara poco benevolente del dolor; el fallecimiento de la madre del Meursault supone una ausencia sentimental insustituible. La tragedia es mayor cuando los asistentes al entierro, los huéspedes del asilo, se dan cuenta que Meursault no hace público su dolor, ya que "los instructores se habían enterado de que yo había dado pruebas de insensibilidad el día del entierro de mamá." Así, Meursault es arrestado por ser presunto culpable de un homicidio del árabe; su abogado, antes de procesarlo formalmente como posible responsable, sostienen un diálogo animoso, lleno de contradicciones y ataduras, propio de los abogados, en el que dice entre otras cosas; "nunca he visto un alma tan endurecida como la suya. Los criminales que han comparecido delante de mí han llorado siempre ante esta imagen del dolor."

Meursault no es un criminal, aunque lo llegue a pensar; la virtud de Camus al narrar a su personaje aparentemente como un aberrante hombre piedra, que no adolece de nada, es revelar la indiferencia del carácter humano que subyace accidentalmente en este mundo. Por ello, para Camus revivir todo, es estar más cerca de la muerte; es la instancia liberadora donde el peso ejercido en esta vida se reconfigura para iniciar otra vez.

La sociedad de nuestros tiempos, del siglo XXI, ven el dolor en diversas prácticas de la vida cotidiana. El dolor más horrorizado es el público, con los animales de circo, corrida de toros y otros más; si bien es cierto la prohibición y abolición del castigo de los animales aprobada por los marcos jurídicos y políticos, se debe al desfasado dolor que ha causado la tradición victoriana y hegemónica de los últimos siglos. Un dolor con sabor a espectáculo, suena cruel pero cierto, quizás resulte paradójico pensar hoy en una sociedad que se fustiga y al mismo tiempo exige trato digno a los animales cuando hacen lo contrario.

¿Es bipolaridad social o simplemente una autodestrucción? Lo único plausible es que el dolor se ha banalizado en toda su extensión, ha perdido cierta seriedad en los casos extremos; al grado de que el dolor radical se mezcla o se dispersa con el dolor que produce el show público del cual estamos acostumbrados, o por lo menos es normal percibirlo en la realidad. El dolor horrorizado es el más aplaudido y aclamado pero el más aborrecido y controversial.

El dolor en los actos atroz como el castigo principalmente de los animales, ha despertado un impacto en la misma concepción de la naturaleza (physis); el hombre con el paso de los años ha desprotegido y explotado la esencia de esta. Donde las voces ocultas de la multitud, de las masas y los adeptos naturistas revelan su indignidad a través de las manifestaciones, desenfrenos, ironías y sabotajes. La única razón válida es que el dolor animal es igual o semejante al dolor humano, independientemente del proceso psico-biológico, la espontaneidad o reacción producida por el maltrato es fríamente simbólica al igual que la imagen de un grupo de musulmanes torturando a un americano. El área somestésica del cerebro humano, es el cumulo de neuronas donde se interpreta el dolor, sin esta parte, nuestra percepción interna está desprovista de cualquier sentimientos/emociones/consciente, la cual sería idéntica a la de un par de caballos: que corren y se duelen.

Al decir verdad, algunos animales son racionales y salvajes o bien existen animales salvajes y benevolentes. Cual sea el caso, el dolor es el mismo pero con diversas variantes o grados de afectación. Tal como el dolor que sienten miles y millones de víctimas del secuestro y el narcotráfico: padres, familiares y amigos padecen directamente las adversidades del dolor, incontenible, radical y tremendamente emotivo. Es un dolor ausente de misericordia, fuera del perdón humano. Es un dolor con precio, siempre hay algo a cambio como si se tratara de un objeto imberbe, sin vida ni sentido alguno.

Las ansias por causar dolor entre hombres y mujeres o a la inversa, seguido de este tipo de prácticas ilícitas, es el fin de la dignidad y la vida. Estamos más cerca del mundo kafkiano que de la teoría de la justicia de John Rawls: porque el dolor ha rebasado materialmente las escasas posibilidades de justicia.

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