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La historia de la filosofía es una muestra del pensamiento europeo que desde su origen con los griegos; Heráclito, Platón y Aristóteles, no han dejado de pensarse en los temas más elocuentes que constituyen la clave de la filosofía Occidental, como la metafísica, la ontología, la ética y la política. Si bien, los griegos fueron parte fundamental del conocimiento filosófico a través del paso mito-logos, es ahí cuando nace las inquietudes sin duda de trascender las barreas de las cosas concretas.

 

       Estos temas fueron fundamentales para la Modernidad en su hacer en el mundo y en la vida concreta de los individuos, ya que ésta época fue vista como una ontología de la presencia, esto significa, ver al mundo esencialmente como una representación donde la ciencia se transforma en la medida de lo posible en un método para transformar la realidad y el mundo. Por eso, Heidegger resaltar la inexactitud de las ciencias históricas pues “...las ciencias históricas del espíritu no es ningún defecto, sino únicamente un modo de satisfacer una exigencia para el tipo de investigación”[1].

 

       Por ello, la Posmodernidad se presenta como un pensamiento que desestabiliza las ideas modernas y sus vínculos con la realidad, no de forma negativa sino renovadora de ideas para las condiciones nuestro presente, así también “(…) hace problemática la creencia en el progreso, la periodización moderna de la historia y el individuo como conocedor y hacedor autosuficiente”[2]. Gran parte de estas ideas son entrevistas desde la temprana Posmodernidad con Nietzsche y Heidegger, ellos son vistos como los grandes precursores de este pensamiento estabilizador y crítico de la Modernidad.

 

            En el caso de Nietzsche su crítica es hacia los valores que se han sembrado en la cultura occidental, como la consagración de hombre bueno que se ha dado en la religión católica. Además, con su súper-hombre se aproxima a una vida lúdica y llena de deseos para el hacer del hombre como un animal excepcionalmente peligroso.


        Así, Nietzsche deslumbra un presente del que la Posmodernidad toma una especial resonancia, precisamente por los acontecimientos que vive el hombre lo hacen percibir el mundo de manera diferente y configurarlo de acuerdo a su acontecer. “Con Nietzsche la Modernidad renuncia al carácter emancipatorio que la había acompañado; la razón es confrontada con algo totalmente diferente a ella. En su lugar se afirma la experiencia antigua de una subjetividad libre de barreras de conocimiento, finalidades, de todo imperativo, de la utilidad y de la moral.”[3] 

 

            Finalmente, Heidegger por su parte se desencanta de la metafísica occidental en términos de ontología de la presencia la cual ha pisoteado al ser, y sólo se ha fijado en el ente como algo material. Cabe señala que en Heidegger, “encontramos una distinción entre Verwindung y Uberwindung, distingue superación o rebasamiento de abandono de un pasado incapaz de promovernos de mayor información para nuestro presente, esto nos ayuda a comprender la característica de la posmodernidad frente a la modernidad.”[4] Con esto, Heidegger se posiciona ante el pensamiento posmoderno como una capacidad de diagnosticar la mundanidad del mundo y su perspicacia con el ser.



[1] Martin Heidegger, “La época de la imagen del mundo”, en Caminos de Bosque, Alianza Editorial, Madrid, p. 66.

[2] Joyce Appleby, Lynn Hunt y Margaret Jacob, “El posmodernismo y la crisis de la modernidad” en Luis Gerardo Morales moreno (Comp.),  Historia de la historiografía contemporánea, (de 1968 a nuestros días) Instituto Mora, México, 2005, p. 112.

[3] Berciano Villalibre Modesto, “Nietzsche: puerta hacia la Posmodernidad” en Debate en torno a la posmodernidad, Síntesis, España, 1998, p. 43.

[4] René Barffusón, “Notas sobre Posmodernidad” en Ergo, Nueva época, Revista de filosofía, Universidad Veracruzana, No 21, Xalapa, Ver, sept. /2007, p. 81.