Buscando a Sugar Man o el Dylan africano

Publicado en por Heriliam

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El pasado 14 de Julio visite la Cineteca Nacional en la ciudad de México, D.F. No había pisado jamás ese lugar hasta ese día, acompañado de mi amigo recién llegado de San Petersburgo, Rusia, su esposa y mi apuesta novia empezamos a decidir qué película ver. Mientras, mi amigo y su esposa decidían ver Amnistía de Bujar Alimani; mi novia y yo nos dimos a la tarea de entrar a ver Buscando a Sugar Man, la historia de un músico folk de origen mexicano, mejor conocido como Rodríguez. Quien con sus canciones de resistencia cautivó a toda una nación entera menos la suya. Su música fue bien recibida en Sudáfrica a finales de los 60´s y a comienzos de los 70´s, cuando el racismo y la inestabilidad política invadían el clima social de ese país.

       Sixto Rodríguez fue para Sudáfrica como Bob Dylan para Estados Unidos un Dios; aunque no tuvo la misma fuerza y renombre Sixto Rodríguez en E.U. A. si logro edificar una moda en Sudáfrica, que volcó a toda una generación para transformar la realidad y las condiciones de un país lleno de miseria y desigualdad. Rodríguez nunca imaginó (jamás) que su música provocara una revolución en Sudáfrica, mientras tanto, en Detroit su música pasaba desapercibida como si tratara de un cantante amateur, o lo peor de todo, sólo era un ciudadano más de Estados Unidos. De un héroe paso a ser un fantasma, que ha quedado en el recuerdo como un ídolo que marco otra historia en la vida de Sudáfrica.

       Al cabo de unos años para acá no se sabe a dónde está Sugar man, hay algunas hipótesis que apuntan que se ha dado un tiro en la cabeza, otros dicen que se murió en un accidente automovilístico, lo cierto es que no se sabe ciencia cierta dónde está el loco y héroe sudafricano. Apenas se supo que aun sigue vivo (no precisamente en México), vive todavía en Detroit, esta noticia fue una sorpresa para propios y extraños que desde hace mucho tiempo intentaban localizarlo.

        Esta historia hay muchas en nuestras vidas, a veces no creemos que nuestros actos tengan una fuerza, o mucho menos pensamos lo que hagamos o dejemos de hacer tenga alguna consecuencia. Sucede algo similar en los escritores (y en otros), ellos no se imaginan que puedan cambiar o dejar en un lector, lo único que saben es que su obra ha sido para dejar aunque sea un pequeño regalo, la imaginación. 


 

Véase la canción principa: 

http://www.youtube.com/watch?v=qyE9vFGKogs

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