El cuerpo o la pluralidad.

Publicado en por Heriberto A.G.

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El cuerpo para Nietzsche representa una ambivalencia –como rebaño/pastor– pero, al mismo tiempo una rechazo a la tradición del dualismo metafísico cuerpo/alma. Aunque el mismo Nietzsche no lo haga explicito, lo cierto es que su opinión acerca del cuerpo es más bien ontológica que espiritual. Al menos en Descartes el cuerpo es visto como una materialidad que se caracteriza por su espacialidad y extensión –esto es plausible en la dimensión geométrica del plano cartesiano–. A diferencia, F. Nietzsche piensa que “el cuerpo es una gran razón, una pluralidad dotada de un único sentido, una guerra y una paz, un rebaño y un pastor.”[1]

            En efecto, el cuerpo como pluralidad es una respuesta que intenta sustituir a todo supuesto metafísico, por eso, el espíritu no ocupa un papel preponderante a pesar de que Nietzsche, haga uso del término espíritu –en sentido positivo– cuando habla sobre el espíritu libre. La resonancia que tiene el cuerpo es justamente para dar cabida a cosas que aparentemente son contradictorias, de ahí la idea de hacer referencia a la guerra y la paz, el rebaño y el pastor, porque el cuerpo no puede ni debe definirse como una sola identidad, tal como lo han hecho los despreciadores del cuerpo, o también conocidos como aquellos que piensan al pudor como indebido o vulgar.

            Para que el cuerpo sea pensado en términos diferentes, Nietzsche necesita del sí-mismo; “detrás de tus pensamientos y sentimientos, hermanos míos, se encuentra un soberano poderoso, un sabio desconocido –llámese sí-mismo. En tu cuerpo habita, es tu cuerpo.”[2] Entonces, en el cuerpo subyace el sí-mismo, ya que el cuerpo es por decirlo de alguna forma la plataforma en la que se puede sentido tanto dolor como placer. En este sentido la ambivalencia se encuentra presente en la constitución del sí-mismo, que no dice yo, sino; hace yo. Esto significa, pensarse a uno mismo no en sentido Freud –del ego, súper ego–, creo que más bien es una autoafirmación individual que no quiere estar cargada de ningún tinte cartesiano o bien espiritual.

            De este modo, el sí-mismo representa un apreciar y despreciar o placer y dolor, en el que el cuerpo es capaz de experimentar.

            Y donde los despreciadores del cuerpo desprecian lo que se debería de apreciar, por el contrario, para Nietzsche el “despreciar constituye un apreciar. (…). El sí-mismo creador se creó para sí el apreciar y el despreciar, se creó para sí el placer y el dolor. El cuerpo creador se creó para sí el espíritu como una mano de su voluntad.” [3] En este sentido, el sí-mismo abarca tanto el apreciar como el despreciar –la ambivalencia no es producto de un relativismo sino precisamente de la pluralidad– como analogía podría citarse a la imagen de la “vaca multicolor”. Ésta además de ser interpretada como una ciudad que Zaratustra había conocido, puede ser un recurso para entender que el cuerpo no es sólo una cuestión física, también está abierto a cualquier disposición –intelectual, subjetiva, personal, familiar, cultural e incluso privada. –.

            El cuerpo como pluralidad implica para Nietzsche el sí-mismo –también es a su vez un apreciar/despreciar– el cual no podemos negar porque sería rechazar lo que se está afirmando, es decir, una afirmación es una negación y al revés. Luego entonces, lo que importa es que pensar al cuerpo ontológicamente como una plataforma donde el sí-mismo se manifiesta. El sí-mismo igualmente es visible por Nietzsche cuando habla de las relaciones de amistad; “el uno va al prójimo porque se busca a sí mismo, y el otro porque quiere perderse. Vuestro mal amor a vosotros mismos es lo os trueca la soledad en prisión.”[4]

            La noción de cuerpo en Nietzsche[5] es completamente radical a que su maestro Schopenhauer podría haber pensado, o quizás cercana en varios sentidos a la que los griegos o romanos –Séneca o Marco Aurelio – propusieron. En lo particular, Nietzsche ha optado por cuestiones poco convencionales a diferencia de otros filósofos alemanes, como Kant, Hegel o Heidegger. Foucault no es una excepción respecto al cuerpo, pues en Vigilar y Castigar el cuerpo es torturado –el caso de Damiens– por los mecanismos de poder, se ha reproducido una tecnología política del cuerpo. Si observamos muy bien las consideraciones sobre el cuerpo, el sí-mismo cumple la función de llevar a cabo las prácticas con las cuales la ambivalencia se desarrolla.

            Finalmente, el sí-mismo se manifiesta en el cuerpo como una respuesta a lo que conocemos espíritu. En lugar de hablar más del Yo –cartesiano o freudiano– Nietzsche quiere hacer Yo partiendo del supuesto del sí-mismo. Pero esto no termina aquí, el sí-mismo igual se vincula con lo que Nietzsche llama virtud.



[1] Friedrich Nietzsche, Así  hablaba Zaratustra. Madrid: Editorial Alianza. 2009. p. 64.

[2] Ídem, p. 65.

[3] Ibídem, p. 65.

[4] Ibídem, p. 103.

[5] Véase Gilles Deleuze, Nietzsche y la filosofía, Barcelona: Editorial Anagrama. 2008.

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