El diario de un “loco” sin locura

Publicado en por Heriliam

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Literatura propia

 

12 de septiembre de 1582

 

Esa mañana era extraña y un tanto fría, porque ese día desperté a causa de ruidos y gritos, por un momento pensé que estaba soñando pero después abrí los ojos, y note que era real. Pronto, me levante de mi cama y discretamente me asome por la ventana para saber de donde provenían esos ruidos, resulto; que eran los guardianes del Rey Simón que intentaban arrestar a un par de hombres, por cierto, el aspecto de dichos hombres era muy sucio, creo que eran indigentes, pero lo que más me llamo la atención en esa mañana fue porque los intentaban arrestar, y la única razón que pensé en ese instante fue porque había faltado a las leyes. ¿Pero cuales?, rápidamente los guardianes lograron atraparlos mediante golpes y patadas. No, entendía porque había sucedido eso, era la primera vez veía eso en las calles de Paris, una disputa violenta entre guardianes del Rey y hombres con una apariencia física muy débil.

             Días después, salió un comunicado del Rey para el pueblo de Francia que decía más o menos así. “Ciudadanos de Francia, les comunico que a partir de hoy entra en vigencia una nueva ley que regula el comportamiento de esta sociedad civil. Aquel que sea visto en la calles de esta ciudad con aspecto de mendigo, vago, pobre, indigente y sucio, será consignado a otra región del país”.

             Inmediatamente recordé que los hombres de esa mañana tenían un aspecto de mendigo, tal como había descrito el Rey Simón en su nueva ley. Ahora, comprendía muy bien los hechos ocurridos en esa mañana, ruidosa y fría, en aquella choza modesta que albergaba a para mí y a mi familia. En ese año, las cosas en Francia poco a poco se trasformaban en leyes que radicalizaba la vida de los ciudadanos como yo.

           No, podía hacer nada ante la nueva ley del Rey ya que eso amenazaba a mi familia y mí, precisamente porque éramos muy humildes y pobres. Francia, vivía un cambio que era desventajoso para personas como yo. Ese comunicado no justificaba “porque” razones se aplicaría dicha ley, sin en ningún momento se afectaba los intereses de los demás ciudadanos franceses.

         Más tarde, un amigo que vivía muy cerca de mi humilde choza, había escuchado de unos guardianes que pasaban de repente por su casa, que esa ley se había derivado a consecuencia de que la mayoría de las personas que presentaban la apariencia de sucios, pobres, mendigas eran un síntoma de que estaban “locos”. No, entendía pero se decía que estaban “locos” porque su apariencia era desagradable, pero igual porque decían cosas absurdas y falsas, cosa, que provocaba un malestar en la sociedad.

        Por eso, el Rey tomó la decisión de echar andar esa ley, de no ser así, los “locos” quizás representen un problema social para la ciudad de Paris. Por lo pronto, yo, Jacob, tenia la obligación de cuidarme, y velar por mi familia, puesto que en cualquier instante nos podrían separar, quizás para siempre. A la semana del dicho comunicado, salí de mi casa a conseguir un trabajo por la ciudad, para tratar de mejorar mi condición social y económica, temía que me arrestaran por ser tan miserable, algo, que no elegí, que no pedí, que nunca pensé, creía que Paris era de todos, sin excepciones.

      Al salir, esperaba que no me levantaran, como si fuera una basura que afecta la imagen de las calles parisinas. Llegue a la cuadra de mi casa, y seguí avanzando, hasta que de repente a lo lejos note que se aproximaban unos hombres muy elegantes, por lo que logre alcanzar, vestían atuendos hermosos; capas de seda, y sombreros finos. Antes que se acercaran, me escondí detrás de una carrosa, por cierto muy elegante y grande. Los hombres llegaron hasta donde estaba la carrosa, se pararon y se subieron a ella, al minuto se aproximo el conductor de la carrosa para llevarlos.

     Entonces, yo, me subí por la parte de atrás, que tenía es una especia de caja. Ahí me senté, mientras la carrosa avanza de prisa. Desde la caja detrás, se escuchaba muy bien lo que decía; decían que Francia muy pronto se convertiría en una ciudad donde todos, absolutamente todos sus habitantes serian ricos. Pero lo curioso, es que sólo uno de ellos se empezó a reír por varios segundos, y ¿el otro? Creí que igual se reiría.       No, fue todo lo contrario, por eso, de repente, escuche golpes y riñas entre ellos mismos, enseguida la carrosa de paro.

    Sin perder el tiempo se bajo un hombre con una capa color negra, de baja estatura como de unos 1.65, de cabello castaño, ojos grandes y piel clara; detrás de él lo sigue el conductor de la elegante carrosa. Eso, fue lo que pude ver por las rendijas de la caja. Yo, por varios minutos permanecí en esa caja, no se que había ocurrido. Pasaron 5 minutos aproximadamente cuando baje, y me acerque lentamente a la puerta de dicha carrosa, y me asombre, pues el otro hombre que no se rio, estaba muerto, al parecer lo asfixiaron. 

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