Michel Foucault y su legado en la filosofía

Publicado en por Heriliam


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Un poco de su vida: el glamur de Foucault.

Paul Michel Foucault nació en Poitiers Francia en 1926 en el seno de una familia muy acomodada; su padre era cirujano y profesor de anatomía en la Facultad de Medicina, su madre una ama de casa. Foucault ingreso al colegio Saint-Stanisla en 1940 donde tuvo contacto por primera vez con la filosofía, y para ello Louis Girard era quien le impartía un par de clase particulares debido a que en el colegio quedo seriamente afectada la clase de filosofía. Ahí se revisaba algo así como “…una especie de kantismo bastante impreciso, adaptado a la moda del siglo XIX” (Eribon, 2004, 29). Su madre, Anne Malapert fue una persona que siempre insistió en la educación de su hijo.  

Aparte de tener contacto con la filosofía se relaciono con la historia, el griego y el latín, no obstante, Foucault en matemáticas no era muy bueno que digamos pero eso no fue ningún impedimento para seguir estudiando. Pronto, ingresaría Ecole Normale  Supérieure de la rue d´Ulm en Paris. Su padre no estaba muy feliz por la idea de que su hijo fuera a estudiar a la capital francesa, él no perdía las esperanzas de que su segundo hijo Foucault, estudiara medicina, mientras su madre le entusiasmaba que su hijo fuera a estudiar Ecole Normale. Todavía nada estaba escrito porque primero tenía que pasar el examen para ingresar Ecole, desafortunadamente Foucault no aparecía en la lista de los aprobados de ese entonces.  

En 1945 se cierra el ciclo escolar en Poitiers, y ese año se instala en Paris para prepararse de nuevo. Ahora enfrentaba un reto de estudiar y aprobar un curso para poder entrar Ecole Normale. La materia prueba era filosofía, estaba a cargo de un profesor de alto calibre, y siempre preocupado por el quehacer filosófico, su nombre era Jean Hyppolite quien más tarde será homenajeado por Foucault en su lección inaugural del College de France en el Orden del discurso en el año de 1970. En ese curso de Hyppolite comenta con sus alumnos la Fenomenología del espíritu de Hegel. Foucault después comentará tras la muerte de J. Hyppolite; “en aquella voz que no paraba de corregirse como si estuviera meditando en el interior de su propio movimiento, nosotros no sólo vislumbrábamos la voz del profesor: escuchábamos algo así como la voz de Hegel y quizás también la voz de la filosofía en sí” (Cfr. Eribon, 2004, 40).

No cabe duda que Jean Hyppolite dejo huella no sólo en la vida de Foucault sino en la manera de plantear los problemas filosóficos, después de todo “Jean Hyppolite ha buscado y recorrido todas las salidas de este texto, como si su inquietud fuese ésta: ¿se puede todavía filosofar ahí donde Hegel ya no es posible?; ¿puede existir una filosofía que ya no sea hegeliana? ¿y aquello que es antifilosófico es forzosamente no hegeliano” (2009, 71). El texto al que se refiere es la Fenomenología del espíritu de Hegel que Hyppolite había traducido al francés y que los alemanes las consultaban. 

Volviendo al punto, Foucault logrará entrar a la Ecole Normale Supérieure de la rue d´Ulm, dependiendo de un hombre bajito cuyos modales bruscos son muy propios de él, se trata de George Canguilhem; un profesor que igual como Jean dejo marca en la preparación de Michel Foucault, una amistad que perdurara hasta los últimos días de la muerte de Foucault. Antes que pase esto, Paul-Michel ya había observado las listas en el que aparecía aprobado en el cuarto lugar, también estaban sus amigos Maurice Agulhon, Robert Mauzi, Jean Knapp y Paul Villaneix. Los gustos del joven Foucault no cesaban por la literatura; leía a Bataille, a Blanchot, a Klossowski, a Nietzsche y a otros más.

En este contexto de la Ecole ya como alumno Foucault conoce a otro profesor de enorme calidad intelectual, se trataba de Louis Althusser, quién asume las funciones de Caimán de Ecole, éste igual será una influencia fundamental para que Paul-Michel se incorporé al partido comunista francés. Su formación en rue d´Ulm será sobre todo muy provechosa para conocer a otras personalidades como Gilles Deleuze, con quien sostuvo una amistad política, tras la muerte de Michel Foucault en 1984 Deleuze escribirá más tarde en 1989 un libro titulado con el nombre de nuestro filósofo de Poitiers.

En 1952 Foucault se convierte en asistente de la Universidad de Lille, esto una vez que haya conseguido la licenciatura en filosofía en la Sorbona en 1948, pero muy pronto Paul se interesa por estudiar la licenciatura en psicología. Para esto, Foucault acude a las clases de Lagache quien enseña psicología general en la facultad de letras.  Por esos años conoce a Jacqueline Verdeaux, ella, era una amistad por parte de sus padres, incluso la madre de Paul-Michel le pide a Jacqueline que se ocupe de su hijo cuando se instala en Paris. Jacqueline y Foucault realizo un viaje a Suiza en el que se entrevistaron con el psiquiatra Ludwing Binswanger; sus reflexiones rezan fuertemente sobre Heidegger y Freud. Binswanger invita a Foucault a traducir su obra Sueño y existencia. Michel Foucault afrontaba el reto de escribir también el prólogo en francés. ¡Resulto que el prólogo era más extenso que el contenido de la obra!
 

El legado o el camino: el análisis de los saberes como una arqueología  

Foucault abrió un estrecho camino para saber cómo y hasta dónde es posible pensar de otro modo; el poder, la historia, los saberes, la locura, el discurso, el sexo, el lenguaje, las cosas, la psiquiatría, la medicina y la política: son tópicos, problemas y prácticas en el que la sociedad moderna se mueve, se desliza, se enfrenta de manera implícita, no se han detenido en ello, se han ocupado de sistematizar, de categorizar, de jerarquizar las distintas racionalidades del sujeto. Paul Foucault no sólo se ha detenido analizar esos tópicos, problemas y prácticas sino también ha dado cuenta de sus trasformaciones; ¿de dónde vienen?, ¿cómo se formaron?, ¿Qué implicaciones tienen en la actualidad?, y ¿Con qué método funcionan hoy?

Esto, nos ha conducido a otro camino en el cual por un momento creímos haber pasado, no; es un camino cuyo propósito es retomar todo aquello singular que esté sobre él, a un lado él y encima de él. En este punto se une al pensamiento de Nietzsche sobre posibilitar la idea del filósofo loco. La primera obra de Michel Foucault exhibe y muestra además las trasformaciones de la locura en la época clásica, este manuscrito constituye lo que fue su Tesis doctoral de Foucault en la Universidad de Sorbona. Se piensa al loco como aquel vago, mendigo, ocioso, sucio, en suma, la pobreza personifica un síntoma de locura, ésta, todavía no es una enfermedad clasificada y instrumentalizada por la psiquiatría del siglo XIX.  

Foucault, a partir del cuadro de Bosco La nave de los locos entrevé la imagen literaria de la locura en la época clásica; la tripulación estaba integrada por individuos sin quehacer, ociosos, vagos y quizás estéticamente mal parecidos. Los individuos eran arrojados al mar con el objetivo de limpiar la ciudad de esos individuos que sólo daban mal aspecto. Ya en Las palabras y las cosas, encontramos todo un análisis arqueológico de la vida, el lenguaje, el trabajo y el campo del psicoanálisis y la etnología.

Con ellos, vemos cómo estos conceptos han ido cambiando al tiempo en que la historia de la mano de la sociedad han trasformado a Occidente. La vida es un antecedente del nacimiento de la biología; el análisis de las riquezas fue el hermano de pila de la economía política de Adam Smith y Ricardo: las voces, gritos y llantos, fueron prisioneros de la gramática general, el lenguaje estructurado, así como también el descubrimiento de la episteme como una categoría que sirve para conocer y hablar. Pero hay algo que me atrae de Foucault; se trata de cómo mueve las piezas con las que cimenta un saber, un objeto, un fenómeno, un práctica y un problema.

Ese saber, objeto, fenómeno, etc., se convierte en una huella imborrable no sólo para historia sino también para un sector exclusivo de la vida cotidiana. Asimismo, en Vigilar y castigar Michel Foucault describe los mecanismos de cómo se han castigado según la justicia tradicional del siglos XVII-XVIII: se ha pasado de los “suplicios” ha una política más mesurado pero quizás potencialmente más peligrosa para aquellos que han cometido delitos, esta “política” es disciplinariedad que imperan en las cárceles, escuelas, fabricas e incluso en las instituciones religiosas.

A decir verdad, la disciplina hasta cierto punto es positivista, no en el sentido en que la piensa Foucault; cuando habla de las “positividades del discurso” se refiere a las formas especificas de acumulación, a la dispersión de los enunciados, etc. Ahora bien, digo que la disciplina es positivista: en el sentido en que es cerrada, lineal, sigue un estatuto, no hay flexibilidad, las reglas no deben de ser violadas, y su fin principal es obedecer a como de lugar.

Finalmente, decía Hannah Arendt “¿Qué es lo que queda?”. Queda, la puerta abierta que Foucault abrió precisamente para analizar críticamente el poder, la historia, los saberes, la locura, el discurso, el sexo, el lenguaje, las cosas, la psiquiatría, la medicina y la política. Esta puerta abierta quizás nos conduzca por otro camino un tanto apegado a lo que vivimos y creemos como individuos. Hoy seguimos reflexionamos, pensando e incluso estamos pisando posiblemente ese camino que Foucault pensó. 

 

 

 

Bibliografía

Eribon, Didier (2004), Foucault, Barcelona: Editorial compactos Anagrama.

Foucault, Michel (2009), El orden del discurso, México: Fábula TusQuets editores. 

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Marilú 03/10/2010 02:55


aash profee yo pense que aqui encontraría lo que pidio de tarea :( hahaha...nimodooo seguire buscando!